El precio del SATE no es un número: es una suma de partidas que varían con el edificio. En lugar de darte una cifra mágica, te enseñamos de qué se compone, qué lo encarece y qué lo abarata — para que puedas leer cualquier presupuesto con criterio.
Última actualización: julio 2026
Lo encarecen: altura y complejidad geométrica, mal estado del hormigón, muchos huecos (más remates por m²), accesos difíciles, exigencias de lana mineral por normativa. No lo encarecen tanto como parece: el espesor del aislante y el color del acabado.
Con las ayudas Next Generation (6.300 €/vivienda desde el 30% de ahorro; 11.800 € entre el 45-60%) y las deducciones de IRPF, el coste efectivo por vivienda en un bloque tipo de los años 60-70 queda muy por debajo del titular del presupuesto — en muchos casos, en el entorno de lo que costaría una rehabilitación sin aislamiento. Por eso la comparación correcta nunca es "SATE vs no hacer nada", sino "SATE vs rehabilitación convencional" con la subvención sobre la mesa.
Exige que cada oferta especifique: sistema y fabricante, tipo y espesor del aislante, gramaje de la malla, relación de remates incluidos, tratamiento del soporte previsto y garantías. Dos presupuestos solo son comparables si describen el mismo sistema — y el barato que no detalla los remates suele ser el caro dentro de cinco años.
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